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jueves, 21 de marzo de 2019

El Grito

¿Qué crees que hace esta figura deforme y grotesca, casi cadavérica, agarrándose la cabeza con las manos y abriendo la boca? ¿Grita? ¿Oye un alarido?


Esta obra se ha convertido en un símbolo de la angustia pero... ¿qué significa?

Edvard Munch, el autor de este cuadro llamado "El grito", fue un pintor noruego perteneciente a la corriente expresionista. En realidad, Munch realizó cuatro versiones del cuadro, pero la más famosa es la de 1893, realizada en una técnica mixta de óleo y pastel sobre cartón. A finales del siglo XX, esta obra adquirió estatus de icono cultural, reproduciéndose en toda clase de productos, desde camisetas hasta llaveros, tazas.

Es evidente que "El grito" es una obra con gran impacto emocional. En el cuadro prevalecen los colores cálidos de fondo. En el cielo, fluido y arremolinado, predominan los tonos naranjas. El sendero y el paisaje parecen iluminados por una luz semioscura. Las formas se retuercen y los colores, dispuestos de una forma arbitraria, buscan expresar el sentimiento de angustia y desesperación, que se refleja más intensamente, en la figura espantada que aparece en primer plano.

En este cuadro, tan intenso en sus mensajes, cualquier interpretación es posible, la atormentada vida del autor, el hombre moderno en un momento de profunda desesperación existencial, un grito angustioso de la naturaleza... No importa, lo cierto es que Munch consiguió encerrar un grito en un lienzo y logró pintar un sonido...y además en colores. 

Siempre he sentido una especial atracción por "El grito". Este cuadro me sacude intensamente, esos remolinos me atrapan, así que he pensado en hacer mi versión de esta obra. Me pongo manos a la obra...


domingo, 9 de agosto de 2015

Momentos únicos


Aquí tenemos a dos pequeños artistas concentrados hasta tal punto, que se olvidan, incluso, que están sentados el uno al lado del otro. Ninguno mira el trabajo del otro, están tan conectados con ellos mismos, que parece que el tiempo se ha detenido. Los dos miran su obra, los dos están serios y reflexivos, los dos están consiguiendo, a la vez, crear un momento único que solo les pertenece a ellos. 

Bryan parece preguntarse que le falta al cuadro y trata de adivinarlo poniendo todos sus sentidos. Dadahi  agarra el bote de pintura, como para terminar de convencerse que quiere todo el cielo de un azul uniforme. 

Son dos instantáneas preciosas que quedarán en el cajón de mis mejores recuerdos y que me provocan cierta emoción. Deseo que los dos aprendan a llenar sus vidas, con muchos momentos como estos.

la obra de Bryan

la obra de Dadahi

lunes, 27 de julio de 2015

El árbol de la vida de Gustav Klimt


Este cuadro El árbol de la vida (1909) del pintor austriaco Gustav Klimt, de influencias árabes y tonos dorados, es una de sus obras más representativas y simbólicas.

El cuadro se divide en tres partes, aunque la más conocida es la central, que contiene el árbol también llamado de la sabiduría. Un único tronco, que sale de la tierra y se va bifurcando en ramas arabescas que representan distintas opciones en la vida. Las ramas ocupan todo el fondo de la obra. El fin de la vida, la muerte, le da sentido a la misma y está presente en el mural en el pájaro negro.


La mujer, situada en el lado izquierdo, simboliza la espera o el anhelo. Recuerda al arte egipcio por su postura y por los triángulos del vestido que recuerda a las pirámides.


La pareja, abrazada en el lado derecho del cuadro, recuerda a otra obra del autor, El beso, y representa la realización del anhelo de la mujer de la izquierda. El hombre está completamente de espaldas, sólo se ve el rostro de la mujer. En la túnica del hombre pueden verse numerosos ojos, un pez y un ave,  a los que se ha dado significados relacionados con la antigua religión egipcia y con el cristianismo.


La técnica que el autor utiliza en la obra es pintura al temple. La mayoría de los colores son en tonos naranja aunque, también, emplea colores neutros como el marrón y, en menor medida, el azul, el negro y el verde.

domingo, 1 de junio de 2014

Paleta desordenada

Me gusta la pintura así que, muy a menudo, me muevo por la red buscando cuadros que me provoquen sensaciones. Me suelen interesan los lienzos coloridos, pintados con espátula y óleos, sobre todo si son de flores.

En uno de estos recorridos, topé con este tríptico y pensé que podía intentar copiarlo y así pintar mi primer cuadro. 


Me resultó difícil pero estoy contenta con el resultado.



También me gusta el resultado colorista de mi paleta.


La noche estrellada en el Rodano

La noche estrellada no es la única pintura de la noche estrellada que creó Van Gogh. Antes, en 1888, pintó un cuadro con estrellas reflejadas en el río Rodano. Es la primera vez que el pintor dedica todo un cuadro a representar la noche.


El cielo ocupa la mitad del cuadro, aproximadamente, y la noche oscura está presente en la totalidad de la noche. Las estrellas en el cielo están rodeadas por su propio halo de luz. El reflejo de la luz artificial en el río, da sensación de movimiento a la pintura.

 

Hay un aspecto en este cuadro que no aparece en la noche estrellada: en el inferior derecho de la pintura, una pareja camina por el río.

La noche estrellada en un farolillo

La noche estrellada es una obra maestra del pintor post-impresionista Vincent Van Gogh. Es una de las imágenes más conocidas de la pintura moderna además de ser uno de los grabados más reproducidos. El cuadro muestra la vista exterior durante la noche, desde la ventana del cuarto del sanatorio de Saint Rémy de Provence, donde el pintor se recluyó hasta el fin de sus días. La obra, sin embargo, fue pintada durante el día, de memoria, en 1889, trece años antes  del suicidio del pintor. Desde 1941 se encuentra en el  Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Es un cuadro intrigante: el cielo nocturno, lleno de nubes girando en un movimiento rápido, con estrellas luminosas ardiendo y una luna, en fase creciente.


Mientras el cielo se mantiene en movimiento, en la parte inferior, hay pintadas unas colinas onduladas y un pueblo pequeño que despierta una tranquila fluidez, quizás por los colores oscuros y fríos. El punto central del pueblo es la aguja de la iglesia. A la izquierda del cuadro, hay una masa enorme y oscura que genera una escala de gran tamaño en comparación a la escala de los otros objetos de la pintura.


Las curvas de encima de las colinas reflejan las del cielo y crean sensación de profundidad. La línea del horizonte de dirección diagonal, está baja, confiriendo todo el protagonismo al cielo. Los cipreses del primer plano, constituyen los elementos verticales de la composición. Hay un contraste entre la verticalidad de éstos y la horizontalidad del cielo estrellado.


El color juega un papel muy importante en la composición y no se corresponde con la realidad sino con las emociones. Van Gogh no quería pintar la noche en blanco y negro, como ausencia de color, sino con colores más intensos. Predominan los colores azul y amarillo en una forma que va desde las tonalidades más oscuras a las más claras, jugando así con colores complementarios.

Hay un contraste entre la luminosidad del cielo y la oscuridad del pueblo. El pueblo es azul como las montañas, lo que produce una sensación de quietud y de silencio. Mientras tanto, en el cielo se produce una revolución de formas y destellos, donde destaca la luna, más amarilla que el resto de las estrellas.

 

La pincelada es pastosa y alargada. Hay infinidad de trazos de pincel, decididos, evidentes a simple vista.


Existen diversas teorías respecto a la interpretación del cielo como la representación de la constelación Aries, visible en el sur de Francia en las noches del 14 al 19 de junio, que es cuando se cree que realizó la obra. Esto podría significar un regreso a sus convicciones religiosas de juventud, expresadas como sacralización de la naturaleza (el ciprés y la aguja de la torre unen simbólicamente el cielo y la tierra) o como expresión de sentimientos relacionados con lo eterno o lo cósmico.

la noche estrellada en farolillo

realizado con lámina de plástico duro y pintado con pinturas acrílicas