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jueves, 30 de junio de 2016

Este perro



Un perro. Un tapón de cava como cuerpo. Un tapón de vino, cortado por la mitad como hocico y abierto en uno de sus extremos, simulando la boca. Un palito de madera como pies. Orejas de cartón y como rabo, un escobillón o limpiapipas, pintado del mismo color. Este perro.


sábado, 29 de noviembre de 2014

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Un gato y un perro de corcho

 

Para realizar el gato se corta un corcho de cava a lo largo, para hacer la parte delantera y se aplana la cabeza del corcho para hacer la cara. Con un corcho de vino se recortan las orejas y se adaptan al corcho de cava. Los mofletes se elaboran partiendo, por la mitad, con un cúter, una bola pequeña de porexpan. Después de aplicar dos capas de pintura, se dibujan los párpados. se pega una cuenta semiesférica a modo de nariz y se inserta un escobillón para que sea el rabo. Por último, con un alfiler, se hacen tres agujeritos en cada moflete y se introduce trozos de alambre de unos 2,5 cm a modo de bigotes.


lunes, 20 de octubre de 2014

Perros origami

 

Papel de origami de color rojo y naranja oscuro.
Pegatinas redondas blancas de 1,8 mm y negras de 1,2 mm para los ojos y nariz.
Lápiz blanco para retoques.
Pegamento.

diagrama de la cabeza del perro

diagrama del cuerpo del perro

martes, 8 de julio de 2014

Broches perros de fieltro

Dos broches perros de fieltro. El primero, Puck, tiene algodón cosido, para simular el pelo. El amigo de Puck también es de fieltro y está relleno de guata.




miércoles, 18 de junio de 2014

Uno detrás del otro y el otro detrás del uno

Hace 15 días que Carla trajo a Leo, este gatito al  que ya consideramos de la familia  y que hemos adoptado a través de Progat Igualada. Ya tiene puesta su primera vacuna, se le han realizado estudios de la sangre y tiene colocado el  chip. La impresión del veterinario es que está sano aunque algo desnutrido.


Su adaptación ha sido sorprendente, come bien desde el primer día, cumple rigurosamente con sus hábitos de aseo y se pasea por toda la casa como si estuviera haciendo turismo. No se esconde, al contrario, se deja coger y es confiado. Se le ve tranquilo y mantiene con Puck, nuestro perro, una relación entrañable. Juegan, se mordisquean, hacen combates cuerpo a cuerpo y los dos empiezan a entender que si se emocionan demasiado  es mejor dejar el juego para otro momento. Por la noche, Leo busca la compañía de Puck, se enrosca a su lado porque prefiere estar con él que dormir en su cesta. Si el ronroneo indica que está bajo un estado de placidez, Leo parece que está feliz.


Leo es cazador, caza cualquier cosa, cualquier mota en el suelo, nos caza incluso a nosotros. Busca lugares insospechados, se esconde, espera con paciencia en cualquier rincón y como no, tiene predilección por las grullas de papel. Se tira a la cesta de grullas como si se tirara a una piscina.


Lo cierto es que Puck ha dado muestras, una vez más, de ser un perro especial. Ha aceptado a Leo desde el primer día, se siente responsable de él, lo cuida y le marca algún que otro límite. Aún se sorprende de verlo estar en las alturas, me mira con cara de interrogación, con cierta preocupación. Emociona verlos hacerse mutuamente arrumacos, ver como va uno detrás del otro y el otro detrás del uno.



jueves, 22 de mayo de 2014

Milú, el amigo ficticio de Puck

Milú es un perro Fox Terrier blanco, de cartón, que ahora vive en un pequeño rincón del pasillo de casa. Lejos quedan aquellos tiempos en los que viajaba por todo el mundo al lado de su inseparable compañero Tintín.


Ahora mantiene una estrecha relación con Puck. Cada día espera a que su amigo se acerque a olisquearlo. Observa, con admiración, sus largas correrías por el largo pasillo y sus toques de pelota. Si  alguna llega a sus pies, intenta moverse y empujarla. Al comprobar que no puede, recurre a su imaginación y...  acaba dando el mejor de los pases.  

milú es de papel maché

miércoles, 21 de mayo de 2014

Puck, el paciente maltés

Mi vida se podría dividir en antes y después de David y de mis hijas, Irene y Carla. Lo mismo ocurre con la llegada de Puck. El cambio fue inesperado, nunca imaginé la relación tan intensa que íbamos a tener. Mi amor por esos cinco kilos de pelo tan blanco como la nieve es enorme.


Mi bichón maltés llegó en agosto de 2010. Por aquel entonces tenía dos meses y era un cachorro sedoso, curioso y juguetón. Destrozaba en un plis-plás los periódicos, se colaba literalmente dentro de la papelera, se metía debajo del sofá y se negaba a salir, por lo que teníamos que inventar barreras con cualquier objeto.


Puck ha crecido  sano y fuerte. Aprendió  pronto los hábitos de higiene y desde siempre se ha mostrado cariñoso y sociable. Tiene como compañeras de juegos a Anna y Nora, mis pequeñas vecinas a las que quiero un montón, y que en los días en los que él llegó, tenían 6 y 2 años respectivamente.
Con Anna la relación es tranquila, confía en ella y le gusta sentarse a su lado para observarla. Con Nora es un tú a tú, la considera un igual. Se buscan, se pelean, y a los numerosos achuchones e incordios de la niña, él reacciona con un gruñido de advertencia, siempre contenido.


Es un perro conocido en el barrio, le gustan las personas, todas, y se relaciona sin problemas con otros perros, grandes y pequeños, de cualquier raza, salvo pequeños desencuentros muy de tanto en tanto. Sin duda a Puck lo que más le gusta es la calle y sus paseos con David. También le gusta jugar a futbol en el pasillo de casa y cambiar las pautas del juego. Su casa es un circo de Ikea, y en ella acumula tesoros buscados por toda la casa.
Siempre está atento y a la espera. Recibe a cada uno de nosotros con una alegría inmensa y un amor incondicional. Puck hace feliz.