Después de ser madre, a María Antonieta se le permite ser un poco más ella misma, pues ya ha cumplido con su deber. Se instala en el Trianón con sus amigas y manda construir una granja con animales. Allí vive una vida dulce, lejos de la etiqueta y de la falsedad de la corte.
Para mantener la mente ocupada pide que le monten un teatro y recrea "El barbero de Sevilla", donde interpreta el papel de Rosina, una joven huérfana prisionera de un cruel señor.

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