Martes con espíritu navideño. Paso una buena parte de la tarde trayendo la Navidad a casa. Otra, tratando de convencer a mi gato Leo, que no necesito su ayuda. No queda caja sin inspeccionar ni luces o bolas con las que jugar. Mientras, mi perro Puck, entre aburrido y somnoliento, sentado en una distancia cercana, parece pensar: otra vez la va a liar...
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