lunes, 14 de julio de 2014

¡Así permita el Dios del Cielo que te vuelvas pez!

sirena de papel maché en proceso de restauración
En la mitología cántabra, la Sirenuca fue una joven y bella muchacha, de ojos color turquesa. La leyenda dice que, desobedeciendo siempre a su madre, solía mariscar en los acantilados más peligrosos de Castro-Urdiales, para cantar al compás de las olas del mar.

La madre, cansada y preocupada por lo que a su hija le pudiera pasar, llegó a maldecirla: ¡así permita el Dios del Cielo que te vuelvas pez!. 


Y se  vio convertida en una mujer con larga y brillante cola de pez.


Y la tradición dice que aún hoy en día, la joven muchacha deja oír su canción a los navegantes perdidos entre la bruma y, de esta manera, les avisa de que los acantilados están cerca.


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