En casa no tenemos despertador. Su función la cumple, a la perfección, un gallo de plumas coloridas que, en contra de lo que es habitual, tiñe levemente sus alas de un color anaranjado, durante los meses de invierno.
| figura de madera |
Se ha situado en un lugar privilegiado de la cocina, encima de la cafetera, objeto importante en este hogar. Debe ser que le gusta el olor del café.
El lugar elevado que eligió demuestra que es territorial. No vuela porque desde ese sitio controla cualquier parte de la cocina, pero, especialmente, la puerta de entrada a ella. Observa, siempre vigilante, como Puck y Leo corretean por el pasillo detrás de la pelota, y si se les ocurre entrar, inmediatamente hincha su pecho y elevando la cabeza, emite un kikiriki desafiante, de advertencia.
Canta durante todo el día, emite sonidos distintos, armoniosos, rítmicos. Alguna vez, el canto es más parecido a un cacareo. Significa que quiere que vayamos a verlo, que le hagamos un ratito de compañía.
Es una delicia escucharlo. Su kikiriki más extraordinario lo concentra al amanecer, justo a las 6 de la mañana. Es el despertador más perfecto, no falla ningún día, ni sábados ni domingos, ni siquiera en los cambios de horario o de estación.
Desde siempre hemos tenido la certeza de que en esta casa se consumen más cápsulas de café de las que realmente tomamos. Empezamos a pensar que es tan perfecto en su puntualidad porque pasa las noches en vela, ayudándose de alguna que otra tacita de café...
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